EL PRIMER ALIMENTO Y LA VISITA INESPERADA.
Despierto cuando oigo el diminuto llanto y quejido entrecortado de un niño. El sonido es tenue y agudo, pero lo suficiente para despertarme. Me sobresalto cuando mi conciencia me recuerda el lugar donde estoy.
—¿Qué pasa? ¿Qué pasa? —digo reincorporándome, somnoliento.
A mi lado, Avy se encuentra ya despierta, sentada en el borde de la cama tomando en brazos a nuestro hijo. Me levanto de inmediato para rodear la cama y llegar hasta ellos.
—¿Todo bien?