Aradne no sabía qué le preocupaba más: si las criaturas o la gente del lugar. La idea de escuchar que había muerto alguien a quien ella podría haber salvado la atormentaba. Con voz cargada de amargura, dijo.
—No podré dormir con el peso del remordimiento por no haber ayudado a tu gente, Cloe. Mi corazón no soporta sentir y escuchar el sufrimiento de estas personas. Si es mi destino morir aquí, lo aceptaré.
—Está bien, voy a buscar el carro —interrumpió Jonás antes de salir corriendo.
—Yo también