El corazón me latía desbocado mientras me enfrentaba a la mirada intensa de Alexey. Sus palabras solo me volvían loca, y aunque parte de mí se sentía atraída por su magnetismo, también sabía que estaba adentrándome en un territorio peligroso. Sin embargo, ya no podía retroceder. Había desafiado mis propios límites y decidido enfrentar las consecuencias.
—Me gusta cómo suena… —respondí con determinación, manteniendo mi voz firme a pesar de los nervios que me invadían.
Un destello de satisfacció