Mila.
No hubo un día en que pude parar, cuando sabía que Sara estaría todo el tiempo instándome a hacer cualquier cosa menos estar tranquila, y después de una semana de estar en Rusia, simplemente, la enfrenté.
—Estoy agotada…
—Debes estar feliz de estar conmigo…
—No lo estoy, y te soy sincera. Además, no he podido trabajar ni en un solo informe, solo te he acompañado a gastar y gastar…
—No seas así, Mila… te he comprado de todo… —solté el aire y negué.
—Sabes que no es por eso…
—¿Entonces? —S