Mikhail observó a Mila con detenimiento, disfrutando del leve rubor que coloreaba sus mejillas, pero era evidente que sus ojos no podían dejar de comérsela.
Ella era…
—¿Qué? ¿De qué…?
Mikhail se acomodó en su silla, mirando a Mila con ojos penetrantes que dejaban claro que no se perdía ningún detalle y solo le mostró el asiento. Ella se sentó frente a él, tratando de mantener la compostura a pesar de la incomodidad que sentía.
—Bueno, Mila, parece que tienes la capacidad de distraer incluso