CAPÍTULO 108 — Sí, acepto.
Irina.
—Por favor… no me hagas esto —Ana negó limpiando sus lágrimas y luego miró mis vestidos.
—Pareces… una princesa… —sonreí apretando mis dientes, porque su emoción solo me hacía un nudo en la garganta.
A diferencia de Ana, nuestro matrimonio había sido planeado por todo lo alto.
Nos casaríamos en la catedral de la plaza roja, donde Damien se arrodilló a ponerme el anillo en mi dedo dos meses atrás, y aunque Ana se inclinaba más por una religión protestante, dejé que Damien eligiera el luga