LA ADHALIA NEGRA
Santiago suspiró. Todo parecía comenzar a tomar otros rumbos.
Y dejándose llevar por lo que la señora Bárbara le había dicho, fue detrás de ella después de darle una tierna mirada a la mujer que ya no estaba más en esta vida.
Cuando llegaron a las afueras de aquel cementerio, Santiago pudo ver el auto negro en el que había llegado Bárbara, los vidrios estaban arriba, el chofer esperaba por ella.
—Por favor, ven, Santiago —dijo ella acercándolo a el auto.
Con desconfianza,