Mundo ficciónIniciar sesiónHermann Schneider Jr., el hombre que debía estar muerto hace cinco años, caminaba hacia el hospital con la seguridad de quien viene a reclamar lo que le robaron.
El estacionamiento del hospital de Shymkent a las 8:31 de la mañana era un cuadrado de concreto agrietado donde el sol kazajo ya comenzaba a calentar el aire con la promesa de otro día infernal. Tres SUV negros —Cadillac Escalade blindados con placas diplomáticas falsas— ocupaban







