Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl sonido de mil prisioneros gritando en la oscuridad absoluta era la banda sonora del Apocalipsis.
Valentina Solís de Cortés corría descalza por los pasillos de Lubyanka con el corazón desbocado y los pulmones ardiendo, cada inhalación arrastrando humo acre de cables quemados que le raspaba la garganta como vidrio molido. El piso de concreto helado laceraba las plantas de sus pies, dejando manchas oscuras que no podía ver pero que sentí







