UN ESPOSO DE REEMPLAZO. CAPÍTULO 22. Un antídoto
UN ESPOSO DE REEMPLAZO. CAPÍTULO 22. Un antídoto
Konstantine daba vueltas en el interior del avión como un león enjaulado. Sus manos se cerraban en puños una y otra vez, y su mandíbula estaba tan tensa que parecía que podría romperse.
—Dame un arma —le exigió a Mikhail, que estaba sentado en uno de los asientos con los brazos cruzados.
Mikhail levantó una ceja, pero no discutió. Se inclinó hacia un compartimento bajo el asiento y sacó una pistola, extendiéndosela sin decir nada. Konstantine la