HERIDAS PERFECTAS. CAPÍTULO 46. Un acosador permanente
HERIDAS PERFECTAS. CAPÍTULO 46. Un acosador permanente
Karina respiró hondo mientras veía cómo Mikhail se marchaba, y a pesar de lo feliz que se sentía no podía evitar pensar que al menos por esa vez había jugado sus cartas mejor que ella.
—Me encanta que estés aquí, pero este es un golpe bajo de tu hermano —dijo, mientras tomaban asiento, pero Irina sonrió y levantó una copa de vino que ya estaba servida en la mesa.
—Para ser justas, no del todo —admitió, con una mirada cómplice—. Hace mucho t