Volvimos al palacio para desayunar y en el camino le fui enseñando a Asher un poco de danés. Era gracioso escucharlo tratar de pronunciar las palabras y mis risas no se hicieron esperar.
—Goddag...—pronuncié despacio para que lograra entenderme—Es como un saludo más formal.
—¿Godagad?—reí negando y le di un par de besos.
—Goddag, amor, no es tan difícil.
—Quizás me estoy equivocando a propósito para que me beses.
—En ese caso nunca vas a aprender...—me distraje besando sus labios y lo abracé po