Ese martes había nevado más que nunca.
Era uno de los inviernos más fríos en la historia de Nueva York y todo el mundo parecía estar alarmado.
Excepto Asher y yo.
Para nosotros fue la excusa perfecta para no salir de casa, no teníamos que ir al conservatorio porque el estado había dado una alerta de emergencia puesto que en la madrugada había caído granizo.
Estábamos felices de poder andar todo el día en pijamas.
Amábamos flojear.
Inventamos un montón de actividades para hacer juntos ese día. B