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Por un instante, sentí el deseo de hablarle y pedirle que cuidara y atesorara su libertad, pero sabía que no me escucharía. Llevaba puesto un vestido corto y usaba tacones que la torturaban con cada paso. Se encontraría con su novio Adriel, su primer amor, en el Bar del Oro. Aquella noche, Araminta y otras chicas discutían entre copas, cómo una de ellas se había follado al bombón del amigo de su hermano. Aquel aún era un tema tab&

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