24 Vinieron por mí.
Kalila abrió sus ojos, el cielo nocturno ya no estaba, ahora, nuevamente el techo del cuarto los cubría, aunque la cascada seguía allí, no pudo evitar maravillarse y sentir celos.
— Buenos días, Kiriko. — la joven giro su rostro solo para encontrar a Ikigaí parado a su lado.
— Quimera. — dijo con desagrado. — ¿Cómo puede ser que no necesites dormir luego de lo que hicieron anoche? — no, Kiriko y Kalila aun no eran una, y la quimera suspiro con frustración.
— No podria agotarme, ya que tú me man