Esperé a Marcial en el hall del hotel. Yo estaba con un vestido muy entallado, corto, sugerente, con un amplio escote en el canalillo, mis pelos sueltos, desparramados por los hombros y zapatos rojos, abiertos. Ya era casi la una de la madrugada, cuando apareció él en el bus de la organización, riendo animadamente con los otros tenistas. Yo pensaba encontrarlo destruido, incluso llorando pero no, reía, estaba efusivo, festivo y celebraba los chistes de los otros deportistas. Me miró sorprendid