Jugué como nunca en el siguiente partido. Estaba tan motivada y efusiva, que me volví una ametralladora en la cancha. A las ocho de la mañana, enfrenté a una australiana y le gané muy fácil, 6-1 y 6-1. Ella no pudo contener mis raquetazos y jamás adivinó mis jugadas. Fui una aplanadora que no le dio ocasión a respuestas a ella, adjudicándome el partido incluso en tiempo récord.
Dos horas después, vencí a una japonesa que era rapidísima y jugaba con lentes. Parecía una gata en a cancha. Muy