(12)
Creo que por un momento pensé que quería que terminara, pero yo quería más de él. Así que sin nada de sutileza lo aviento a la cama, en donde él cae divertido sobre una de las almohadas. Yo de inmediato lo monto cual caballo, introduciendo su hombría dentro de mí, moviéndome de un lado al otro. Era mi momento de poder satisfacerme a mí misma, mientras mis manos se aferran a su estómago trabajado, los dos no paramos de sudar. El cuarto que siempre permanecía frio, ahora estaba más caliente