Al salir rápidamente ella de mi oficina, me dirijo a la de Marlon a sabiendas de que allí la encontraría.
—¿Por qué hiciste eso? —reclamé finalmente.
—¿Hacer qué? —preguntó serena.
—¿Qué hiciste, Mía? —preguntó Marlon, confundido.
—No hice nada malo. Sólo invité a la chica que estaba almorzando contigo en tu oficina a cenar esta noche en casa con nosotros —hizo un gesto con los hombros, restándole importancia—. Esa chica es algo más que una colaboradora de aquí, ¿o me dirás que a todas las llev