—Camila, espera —escucho a Andréi apresurarse para detenerme, y de repente siento que me agarra del brazo—. No quise decir nada con eso, ¿de acuerdo? Vamos, hablemos ahora.
El fuerte olor a alcohol que emana de él me golpea, y un pesado suspiro se escapa de mis labios.
Lo sabía. Ya está borracho.
—Este no es un buen momento para hablar. Al menos, deberías estar sobrio —le respondo, apartando mi brazo de su agarre con algo de brusquedad—. Jefe, estás borracho.
Lo siguiente que ocurrió fue como u