Salimos de la tienda y los muchachos nos llevaron al restaurante que estaba en el tercer piso. Realmente era muy bueno y agradable.
— ¡Wow, chicos, ni siquiera sé cómo agradecerles! Solo con lo que compraron ya cumplí mi meta del mes. ¡Gracias!
— No agradezcas, Sam. Los vestidos son maravillosos y nos encantaron —Melissa le aseguró.
— En realidad, Sam, somos nosotros quienes debemos agradecerte por dejar a nuestras mujeres tan deslumbrantes —Patricio sonrió mirando a Virginia.
— Sam, ¿te gus