Al día siguiente salimos temprano. Cuando llegamos a la oficina, el Sr. Martínez nos llamó a su despacho.
—Catarina, ¿cómo estás? Hablé con Patricio y está preocupado. Me puso al tanto de lo que pasó, no entró en detalles, pero parece que Alessandro fue un idiota.
—Sr. Martínez, no sé si fue un idiota, pero yo no hice lo que me acusan —respondí imaginando que había cambiado de opinión sobre contratarme.
—Estoy seguro de que no lo hiciste, Catarina. Conozco a los Lascuran desde siempre, ellos no