"Alessandro"
De repente, esa cotorra insoportable de Ana Carolina, que vio toda la escena frente a nosotros, empezó a hablar casi gritando:
—¿Qué estás haciendo, mujerzuela ofrecida? Suelta a Ale, aprovechada.
Sin soltar la cintura de mi asistente, le susurré al oído muy bajito:
—No te atrevas a alejarte—Claro que ella había sentido mi erección, pero no necesitábamos que nadie más allí lo notara. Miré a la cotorra y con cara de querer matarla le ordené:
—Baja tu tono de voz, Ana Carolina, y disc