Mundo de ficçãoIniciar sessão——*—— HAWK ——*——
“Resistencia”. Esa es la única palabra que me viene a la cabeza cuando pienso en el bizcochito. Una resistencia profunda, rabiosa, como la de un lobo que se niega a actuar en el circo. ¡Esa es toda su puñetera vibra!: un “no me vas a dominar” que me tiene dando vueltas en la cama y me hace despertarme con la sábana… ¿sucia?
—¡¿Es una puta broma?! —maldigo mientras me levanto para ver el bóxer empapado como si tuviera trece años. ¡Y ya hace una década de eso!
¿Estaba soñando con ella? Sí. ¿Pero cuándo…?
Me sobresalto cuando el maldito teléfono empieza a sonar y lo agarro para ver una avalancha de notificaciones. Solo tengo que abrir una para reconocer que es una foto mía con el bizcochito; y la imagen es tan clara como errada: aparezco yo apretándola contra una pared, en un ángulo en el que parece que le estoy besando el cuello… será porque lo hice.
La cosa es que por el ángulo también parece que ella lo está disfrutando. Y aunque sé que no es así, por supuesto que no voy a corregirlo.
—¿Es un montaje para ponerla loca, o la pusiste loca de otra forma? —pregunta Hunter sentándose junto a mí en el salón, con un tono en el que se nota la incomodidad.
—Foto sacada de contexto, pero no es mi problema —respondo y él se me queda mirando.
—Tú lo sabías…
—Sabía que la foto iba a aparecer tarde o temprano, la vista periférica del fútbol también sirve para detectar chismosos en las puertas —replico soltando la mochila—. Pero esto es parte de mi plan funcionando.
—¿En serio vas a hacer esto? —gruñe como si la simple idea le molestara y detecto ¿celos?—. No creo que esto sea un juego para esa chica…
—¿Y cuál es el maldito problema? —lo increpo impaciente—. Basta con que sea un juego para mí. ¡Yo no hice la foto y listo, lo que pase no es mi responsabilidad!
Me giro cuando el profesor entra y el resto del día lo dedico a hacerme el desentendido… y a esquivarla, ¡porque por supuesto que esto va a costarme caro!
A quien sea que haya tomado la foto no le bastó con las redes, y puso carteles por todo el campus, con títulos nada amables. De lejos veo a Joanne arrancando algunos con gesto frustrado. La vergüenza se le nota en la cara, y a donde quiera que va la siguen los cuchicheos sobre “la nerd y el rey”, “la mojigata de la biblioteca”, “la nueva conquista de Hawk”.
Disfruto verla perder la cabeza, gritarle a la gente que la dejen en paz, que es mentira, pero obviamente nadie le cree. Y la única persona que puede desmentirlo, o sea yo, me escabullo diez minutos antes de todas mis clases para que ella no me encuentre.
—Bueno, no se puede negar que esta desesperadita buscándote —sisea Hunter cuando salimos de la última clase—. Escuché que te ha estado rastreando por todo el edificio.
—Eso es porque sabe que soy el rey del campus —sonrío con satisfacción—. Y que soy el único con autoridad para hacer que quiten esos carteles.
—Bueno, a lo mejor tu autoridad es lo que más va a empezar a odiar a partir de ahora —replica mi amigo señalándola y veo que el bizcochito le da un portazo feroz a su casillero antes de apoyar la frente contra él. En toda la puerta le escribieron “Zorra” en grandes letras rojas.
Y sorprendentemente ninguna parte de mí se regodea.
—¡Maldición, ¿por qué la gente tiene que ser tan extrema?! —gruño antes de darme la vuelta y largarme a los entrenamientos porque quiero seguir disfrutando de esto y simplemente no puedo.
Y me equivoco si creo que el juego puede distraerme, porque en menos de quince minutos la veo llegar echa una furia después de un día entero de acoso.
—¡Haz que quiten esa foto! —exclama sin siquiera saludar, tirando de mi uniforme con los ojos echando chispas—. ¡Tú hiciste eso! ¡Arréglalo!
—¿Yo? —pregunto con el tono más inocente que tengo mientras me inclino para quedar a su altura, mi boca a dos centímetros de la suya—. Yo estaba contigo, bizcochito, ¿cómo voy a tener algo que ver?
—¡Porque si hubieras querido, habrías hecho desaparecer esto desde que amaneció! —replica y yo me encojo de hombros mientras los chicos del equipo se acercan.
—¡Déjalo entrenar, chica, la calentura para luego…! —grita uno.
—¡Es que está loquita por repetir!
—Haz la fila, niña, Hawk usa a una cada día.
—Eso, y tu turno fue ayer…
—¡Oye Hawk, ¿cómo se mueve tu chica nueva?!
Río por inercia, pero algo me raspa por dentro. No debería importarme… ¡pero no quiero que nadie pregunte cómo se mueve!
Veo la rabia en los ojos de Joanne como si fuera un color adicional, mientras se clavan de nuevo en mí.
—¡Diles la verdad! Diles… —reclama, pero en ese momento una voz la corta.
—¡Que ayer me sacaste de la biblioteca para quedarte sola con él! —espeta Mirna llegando con el resto de chicas del equipo de porristas—. Después de tu discursito sobre las ETS, supongo que tú querías probar todas las de Hawk.
—¡Cállate! —gruñe el bizcochito en su dirección y vaya que tiene ovarios la niña—. ¡Hawk, diles la verdad! —exclama empujándome.
—¡La verdad es que eres una zorra! —grita otra porrista.
—¡Acosadora…!
—¡Fan desesperada…!
—¿Crees que alcanzas para Hawk? —se burlan y no, esto ya dejó de gustarme.
—¡Mejor vamos a bajarle los humos a la nerd! —exclaman y solo en ese momento me doy cuenta de que cargan la nevera portátil del campo.
Eso ya es demasiado, pero nadie puede impedirlo. La nevera está llena de agua helada, la dejan caer toda de una vez sobre la cabeza de Joanne, empapándola, y la expresión en su rostro es indescriptible.
—No… —escucho el primer susurro desesperado—. ¡No, no, no, no!
Se quita la mochila con desesperación y saca una portátil que está escurriendo agua. Sus dedos tiemblan mientras trata de encenderla, pero es inútil, el cacharro solo echa una chispa y muere frente a todos.
Joanne se pone lívida, por un segundo pienso que hasta se va a desmayar y la portátil cae de su mano sobre la hierba mientras tiembla y se gira hacia mí con los ojos desencajados.
—¿¡Tienes idea de lo que acabas de hacer!? —El grito se rompe en su garganta a punto del sollozo—. ¿¡Tienes idea de que acabas de arruinar mi vida!?







