CAPÍTULO 2. Un juego peligroso

——*—— HAWK ——*——

No quiero sonar ególatra, pero sé muy bien el impacto que causo. El fútbol es lo mío, se me da bien, y eso atrae a las chicas. El ejercicio también atrae a las chicas, la moto atrae a las chicas, el carisma atrae a las chicas…

Pero dije que no soy ególatra, ¿verdad?

En fin…

Que estoy bastante seguro de lo que le provoco a cualquier chica… hasta que la bruja esta me da un rodillazo digno de Bruce Lee. ¡Y encima me dice que no la tengo grande! ¡Lo dice ella con su cara de nerd mojigata!

Tengo suficiente con eso como para joderme el día ¡pero ahora resulta que también la tengo que aguantar como tutora!

Sale de la oficina del entrenador rezongando y yo salgo también dando otro portazo.

La veo caminar furiosa delante de mí y no entiendo este subidón de adrenalina que me provoca. ¿Es sexy? Ni por asomo. Es “linda”, y pelea en la categoría de las tiernas inocentes… como un bizcochito tentador.

De cualquier forma estoy atorado con ella, y no lo disfrutaría de no ser porque sé que está agonizando por tener que darme tutorías.

Así que voy preparando la lista de cuentas por cobrar y la primera es el rodillazo en mi “mejor jugador”.

Cuando llegamos al área de entrenamiento, escucho el eco de los balones, los gritos, el ritmo constante del equipo. Entonces lo veo: un balón viene directo y yo lo detecto por puro instinto predictivo.

—El karma es una perra —murmuro dudando un segundo, pero eso es más que suficiente. Porque cuando me muevo para sacarla del camino ya no llego a tiempo.

El balón pasa a tres centímetros de mis dedos, y el bizcochito ni siquiera puede reaccionar. El impacto la empuja hacia atrás y su cuerpo choca contra una de las bancas con un sonido seco.

—¡Joder! —maldigo cuando escucho el golpe demasiado fuerte, pero Hunter casi derrapa junto a ella antes de que yo la alcance.

Mi mejor amigo, mi quarterback y la voz de mi conciencia que no funciona: ese Hunter. Y no sé qué se me crispa cuando lo veo abrazar al bizcochito para levantarla.

—¡¿Estás bien!? Lo siento mucho, no te vi… —le dice y por un segundo la mira de más con esa expresión que reconozco perfectamente: le gustó.

—Sí… no pasa nada —murmura ella agarrándose de sus brazos. ¡Y ni siquiera se dio cuenta de que él fue el idiota que lanzó y yo el que traté de salvarla!

—Hay que tener cuidado alrededor de los postes de gol —le sonríe Hunter—. ¿Eres de primer año?

—De cuarto —responde el bizcochito y eso me desconcierta.

¿Hemos pasado cuatro años en la misma escuela y jamás la había visto?

—¿Estás buscando a alguien? ¿Necesitas ayuda? —insiste mi amigo y antes de que ella pueda responder le paso un brazo sobre los hombros.

—Ahórrate la amabilidad. Es una fan, de las pegajosas —advierto y la sonrisa se le borra a Hunter.

—Entonces supongo que esta fan —sisea Joanne mientras se desprende bruscamente de mi brazo— te espera en la biblioteca a las seis, si todavía quieres jugar el campeonato. ¡Maldito inútil! —masculla mientras se va frotándose el costado.

—¡Y su mirada helará el fuego del infierno! —grito dramáticamente en su dirección, ganándome un lindo dedo del medio.

—¿Y eso qué fue? —pregunta Hunter y yo me encojo de hombros.

—Una chica linda que quiere ser conquistada —declaro.

—¿Te cayó lejía en los ojos? —me increpa—. Porque no creo que esa chica quiera que te le acerques a diez metros.

—Pues tendrá que aguantarse porque es mi tutora designada —replico—. Además, todas empiezan así: difíciles. Ese es el juego favorito de las chicas —aseguro palmeando su pecho—. Y yo, amigo mío, sé muy bien cómo jugarlo.

—Oye… de verdad parece una buena chica —insiste y hay algo en su tono que me enerva, no sé por qué. Es un estúpido “calzón caliente” como todos los del equipo, ¿por qué demonios se está haciendo ahora el santurrón?

—No he dicho que no lo sea —replico—. Y para que conste, sería incapaz de hacerle nada que ella no… disfrute.

Me pongo la camiseta del equipo y me voy a mi sitio a entrenar, pero aprovecho una de las pausas para mandarle un mensaje a alguien que puede ¿ayudarme?

“Ven a estudiar conmigo”, texteo y me responde con un corazón y una berenjena. ¡Tan expresiva ella!

A las seis de la tarde mi plan y yo ya estamos en la biblioteca. Pido una sala de estudio privada, dejo mi nombre para que Joanne sepa dónde encontrarme y apenas entro siento unas manos que me rodean, me empujan contra una de las mesas y por supuesto es Mirna. Mirna Crawford, líder del equipo de porristas, uno de mis ligues ocasionales.

Me besa sin siquiera avisar y yo levanto las manos a modo de rendición.

—Me encantó tu mensaje —murmura mientras su boca baja por mi abdomen y sus manos se pelean con mi bragueta—. ¿Me estabas extrañando, bebé? —pregunta y la respuesta es “no”, pero para qué molestarla antes de que cumpla con mi plan.

Y mi plan queda listo diez segundos después: cuando se abre la puerta de golpe y el bizcochito nos mira con cara de asesina.

—Interesante elección de prioridades —sisea—. Con razón no apruebas —me espeta soltando sus libros de un tirón en la mesa antes de volverse hacia Mirna—. Tenemos tutoría privada. Haz el favor de salir.

—¿Disculpa? ¿Tienes idea de con quién estás hablando? —Mirna se levanta echando fuego por los ojos.

—Con una de las tantas que usa la biblioteca para arrodillarse —replica el bizcochito y tiene que estar loca para encarar a Mirna así.  

—¡¿Tú quién carajo er…!?

—Uno de cada cuatro deportistas en esta universidad tienen una ETS, es estadística básica —la interrumpe Joanne antes de mirarme—. Y con el historial de este, tus probabilidades son del cien por ciento. Así que considera que soy la que te está haciendo un favor.

Veo cómo la cara de Mirna se pone roja, y sé que todo va a empeorar.

—¡¿Qué dijiste, estúpida?! —le grita avanzando hacia ella.

—Pero claro, los deportistas no son los únicos promiscuos. ¿Quieres que te cite las estadísticas para las porristas? —pregunta el bizcochito.

Y lo veo, lo veo venir, el instinto predictivo vuelve cuando Mirna levanta el brazo, lista para golpearla en la cara… y sé que será feroz.

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Isabel Harohay no espero que le devuelva el golpe....
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