Mundo de ficçãoIniciar sessão——*—— JOANNE ——*——
¡Joder, el espíritu del mal se me debe haber metido en el cuerpo para atreverme a decirle eso a Mirna! ¡A ella precisamente que tiene fama de perra carnicera en esta universidad!
Pero me doy cuenta cuando ya es inevitable, cuando presiento el dolor antes de que llegue y cierro los ojos. Escucho el sonido, crudo, seco, pero no contra mi piel. Abro los ojos y solo veo la espalda de Hawk, que se ha metido en medio. La bofetada que era para mí le ha dado en el cuello, rasguñándole bajo la barbilla, y al siguiente segundo Mirna está blanca como un papel.
—¡Hawk…! No… yo no quise…
—Fuera —es la única palabra que pronuncia y hasta yo me estremezco.
—Pero es que yo no quería… ¡esa zorra…!
—¡Fuera! —gruñe y Mirna retrocede como si la hubieran golpeado a ella.
La puerta se cierra con violencia y aquí estoy, mirando su espalda y esperando que explote. Pero él se gira lentamente, y cuando me mira hay una chispa en sus ojos que me asusta.
—¿Qué pasa, bizcochito? —pregunta inclinándose hasta quedar a mi altura. ¡Mierd@, me saca dos cabezas!—. ¿Te pusiste celosa?
¡Y ahí viene de nuevo el espíritu del mal! Porque casi acaba de desgreñarme la líder de las porristas por su culpa, y él pregunta si estoy…
—No eres tan importante como para provocarme eso —le contesto señalando mi cara—. Esto que ves se llama frustración por el tiempo perdido. Y tú eres mi tiempo perdido.
Veo el instante exacto en que su mirada cambia, y se acerca un paso más.
—¡Joder, de verdad piensas que solo soy un cuerpazo sin cerebro! —estalla.
—Pues velo por el lado bueno, al menos sabes dónde tienes la cabeza aunque no la uses para pensar. —Su boca se abre con una expresión de impotencia y sus ojos van de mi cara a su bragueta ida y vuelta, como si no pudiera creer lo que dije—. Oye, tú fuiste el que miró —le sonrío con descaro y lo sé, si ahora mismo pudiera ahorcarme, lo haría sin dudarlo.
Me dejo caer en una silla y empujo en su dirección uno de los libros. Paso de la explicación a las preguntas y se encarga de responder todas mal, ¡a propósito! como si de verdad estuviera aquí para fastidiarme.
—¡A ti no te importa aprobar, ¿verdad!? —gruño con impotencia y él cierra las manos a cada lado de mi silla y tira hacia él.
Sus dedos rozan mis muslos y me obliga a pegarme al respaldo para evitar su boca.
—Bizcochito, soy millonario desde que nací. El entrenador solo quiere tener contento a mi padre, pero aprobar… no aprobar… me tiene sin cuidado.
¿Bizcochito? ¿En serio? ¿No puede ser más original?
—¡Pues si solo me vas a hacer perder el tiempo mejor me voy! Terminamos —espeto levantándome, pero antes de poder dar un solo paso siento la forma brusca en que tira de mi brazo y apenas soy consciente de que me pone contra la pared.
Mi respiración se corta en un segundo y levanto la cara porque de lo contrario le besaría el pecho. ¡Así de cerca está!
—¿Qué haces? ¡Suélt…!
—Pero yo no he terminado, bizcochito —dice y todo mi cuerpo se paraliza.
Sus manos sujetando mis caderas me dejan en blanco. Las sube por debajo de la blusa hasta mi cintura y sus pulgares recorren ese semicírculo justo debajo de mis pechos sin llegar a tocarlos.
—Maldición, estás caliente… —sonríe y siento su aliento a solo unos centímetros.
Su boca roza la mía, un contacto mínimo, una provocación que no llega a ser un beso. Pero no, ese lo reparte despacio por mi mejilla, mi cuello… hasta que la simple presión de su cuerpo contra el mío me hace levantarme de puntillas.
¡Mierd@, ¿tiene una estufa en la bragueta?!... ¿Y en las manos? Siento que la piel me arde donde sus dedos aprietan con posesividad, y mi vientre lanza un latigazo a mi sexo que me arranca un jadeo.
No debería sentir esto, lo detesto. ¡Porque lo detesto! Es un tipo arrogante, creído, ¡un problema es lo que es!
Siento el contacto húmedo de su boca sobre mi piel y mi cerebro se desconecta, su lengua es fuego sobre mi garganta y sé que no estoy respirando porque de pronto el instinto de supervivencia reaccionar.
—¿Te gustó la caricia de mi rodilla y quieres otra? —siseo rogando para que eso me lo quite de encima, y siento el momento justo en que se detiene.
Me estremece que sonría, paso saliva y en el mismo instante en que me da dos centímetros de libertad corro por mis cosas.
—La falta de conexión entre la oferta de la empresa y las necesidades del mercado, es lo que reduce la demanda y afecta las ventas —se ríe sentándose de nuevo y lo miro con rabia porque es una respuesta correcta—. No, no soy estúpido, solo no me gusta la materia y disfruto hacerte enojar.
Respiro profundo porque si no le lanzaré un libro a la cabeza.
—Bueno… mejor dejamos el resto para mañana, porque no creo que hoy pueda soportarte más.
—Mañana no puedo —dice con desparpajo—. Tengo una fiesta en la fraternidad, pero si quieres puedes venir y yo intentaré escucharte mientras nos… ¿divertimos?
Le pongo los ojos en blanco porque sé cuáles son sus intenciones.
—Me encantaría —le miento—. Estoy segura de que iré a una de esas fiestas cuando tenga edad para beber.
Lo cual es una mierd@ de justificación porque igual bebo, pero él frunce el ceño y se inclina hacia mí con curiosidad.
—¿Cómo qué edad tienes, bizcochito?
—Diecinueve —respondo y la sorpresa en su cara es evidente.
—¿Diecinueve y en último año? ¡Wow! De verdad eres un genio ¿no? —murmura pensativo mientras su pulgar roza mi labio inferior, paralizándome—. Genio… moralista… apuesto a que todavía eres virgen.
—Imbécil —siseo mientras me doy la vuelta y escapo de la biblioteca con el corazón desbocado.
Y tontamente creo que tendré el próximo día libre de sufrimiento gracias a esa fiesta. ¡Qué equivocada estoy!
Duermo mal, por supuesto, porque es imposible descansar cuando una sueña con hombres… un… solo hombre… imbécil… desnudo. Y al día siguiente por la mañana siento que alguien me sacude con fuerza.
—¡Jo, despierta! —escandaliza Mara, mi compañera de cuarto—. Tu foto está en todas las redes, por toda la escuela…
—¿Qué foto? —murmuro sin entender hasta que me enseña su teléfono ¡y quiero que la tierra me trague!
—¡Tu foto besándote con Hawk!







