52. EL ROCE DE TUS LABIOS
Raquel Martínez.
En el momento que él escuchó su nombre ser pronunciado alzó también su mirada hacia mí. Y su rostro entonces reflejó cuan sorprendido está de verme ahí.
—¿Qué...? ¿Qué haces aquí? —logro preguntarle.
—Yo... —por unos minutos permaneció en silencio, solo mirándome. Hasta que notó mi expresión de extrañeza por su actitud, carraspeó y respondió—: Mi sobrino tenía una cita con el pediatra.
Quiero preguntarle por el niño, pero pronto mi mirada se clava en los papeles que estan en el