47. SOLO HAY PROBLEMAS
—Nicholas, hola —Jimena lo saludó, dándome un beso en la mejilla una vez nos acercamos a ellos. Y le sonrió—. ¿Cómo has estado?
—Bien. Gracias —respondió él, sonriendo. Y pronto desvío su mirada hacia mí—. Vaya. Estás realmente preciosa, Raquel.
Mientras decía esas palabras, me dio un recorrido con su mirada que empezó desde mis piernas desnudas y terminó en mis ojos.
Siento que mis mejillas se tornan calientes. Y maldigo internamente por eso.
—Gracias.
—No tenías que venir, Nicholas —comento J