Manuela
—¿De verdad tienes que irte? —le pregunté a mi hermano, que acababa de meter la maleta en el coche.
—Sí, Manu, pero vendremos a verte más a menudo. —Mi hermano me abrazó muy fuerte.
—Dile a papá que estoy bien, para que no se preocupe. —Me despedí de mi hermano y mi cuñada y vi cómo el coche se alejaba.
—Cariño, estoy preocupado, esa mujer no se va a rendir. No puede entrar al edificio, pero no hay manera de detenerla en la universidad. —Flávio me rodeaba la cintura con el brazo; llevab