“César Moreno”
Fui a Londres a ver a Sabrina para que por fin cumpliera su parte del trato. De verdad creí que podría ayudarme, pero es tan incompetente que ni siquiera pudo hacer lo único que le pedí: recuperar a Flávio. Empiezo a pensar que solo logró casarse con él porque, en aquel entonces, su madre y yo aún teníamos cierta influencia sobre el chico. Pero ahora, ni siquiera soporta a Sabrina.
Para colmo, esa idiota hizo un trabajo pésimo cuando la envié a solucionar el problema del divorcio, y Flávio descubrió enseguida que las firmas no eran suyas. Ni siquiera se inventó una historia para justificarlas; podría haberlo emborrachado y decirle que había firmado. Era sencillo, pero ni siquiera hizo eso.
Y por si fuera poco, mi hijo contrató a ese cretino de Romeu Castelo como su abogado. Ese abogado era una verdadera molestia, y Flávio lo sabía perfectamente; era el único al que no podía sobornar para que hiciera las cosas a mi manera.
Pero como no hay nada tan malo que no pueda empe