Desperté abrazada por el amor de mi vida. No hay mejor sensación en el mundo que estar en los brazos de la persona que amamos. Estaba acostada con la cabeza apoyada en el pecho de Alessandro, nuestras piernas entrelazadas y sus brazos rodeándome. Estábamos desnudos. Alessandro me impidió ponerme un camisón; dijo que quería sentir mi piel contra la suya, y era realmente la mejor sensación del mundo estar pegada a él sin barreras.
— Buenos días, mi ángel. —Sentí su beso en la cabeza y lo miré son