Patricio me dio un vaso de agua, que tomé temblando. Pero solo cuando Alessandro me pasó los dedos por la cara me di cuenta de que estaba llorando.
—Tranquila, Catarina. No tiene poder para hacerte daño. No tengas miedo, no perderás tu trabajo por culpa de este idiota. —Mi jefe me habló con dulzura mientras me pasaba la mano por la espalda para calmarme.
—Así es, Cat, no le hagas caso a Junqueira, es un idiota. Y tú eres una mujer fuerte, no dejes que te intimide. —dijo Patrício, apoyándome.
—¿