Tomé un café y me senté en mi escritorio; aún me temblaban las piernas. Después de unos minutos, llegó un correo electrónico de mi jefe con instrucciones para prepararme para la reunión del día siguiente. Me puse a trabajar rápidamente, y cuando los empleados empezaron a llegar a la oficina, ya tenía todo en orden.
Mariana llegó abrazada a un joven y me miró sorprendida.
—¡Gato, te caíste de la cama! ¡Buenos días!
—¡Buenos días, Mari! El jefe me pidió que llegara temprano para prepararme para l