Me senté en la silla de mi oficina, me temblaban las piernas, no sé cómo logré mantenerme firme como si nada. Qué mujer tan desagradable es Ana Carolina. Pero no esperaba que las cosas se desarrollaran así. Vaya, cuando me abrazó por la cintura para evitar que me cayera y me atrajo hacia su pecho, me sorprendí muchísimo. Claro que sentí la dureza de su impresionante miembro en mi espalda y eso me despertó, pero cuando me susurró al oído que no me moviera, un calor me recorrió el cuerpo dejando