JAZMÍN
CINCO AÑOS ATRAS
—Yang Ji—me sentí inquieta—, déjame por lo menos despedirme—le rogué.
Muy tarde descubrí que mi hermano ya tenía todo planeado, los vuelos, la mudanza, incluso la universidad.
—¿Despedirte? —pareció confuso—, pero si me dijiste que no tenías amigos, que todo era monótono.
—Pero… tengo un amigo…
—Ya, ya, podrás comunicarte con él, el secretario de papá estará aquí pronto, vámonos.
—Déjame ir a un lugar, por favor.
—Bien, bien, vamos.
Conduje con prisa y nerviosismo hacia