VÍCTOR
—Mi niño, ven—mi madre me había extendido su mano.
Tenía ocho años cuando me llevó a la playa, mi padre nos había llevado a un viaje por bote, íbamos a pescar un pez espada y unas cuantas langostas para la cena.
Nos acompañaba mi tío Rogelio (hermano de mi papá), que era experto en la pesca.
—Víctor, tráete la red, ándale mijo—me decía mi tío y yo de obediente iba a llevársela.
—No te acerques tanto a la orilla—me advirtió mi mamá.
Era la segunda vez que viajábamos en barco, la primera