Imran salió del trabajo, y condujo hasta su mansion.
Cuando llega se quita el saco con un movimiento brusco y lo arroja sobre una silla cercana. El enojo y la duda seguía ardiendo en su interior, un fuego que ni el aire frío de la noche había logrado apaciguar.
Respira hondo, tratando de calmarse. Necesitaba respuestas.
Camina por el amplio vestíbulo con pasos pesados hasta encontrar a la ama de llaves en la cocina.
—¿Dónde está mi esposa? —pregunta con voz cortante.
La mujer, una señora de med