76. Un día alcanza si lo usamos bien.
La noche cae otra vez sobre la ciudad con una rapidez que sorprende, como si el tiempo hubiera decidido avanzar sin pausas desde que salimos de esa casa con una cifra imposible marcando el ritmo de cada pensamiento, y me encuentro caminando junto a Adrián hacia mi puerta, sintiendo el cansancio en cada parte del cuerpo pero también esa tensión constante que se mantiene firme, activa, recordándome que el margen es mínimo y que cada decisión pesa más de lo habitual.
Abro la puerta con un movimien