Capítulo 38
Jared
Levanto mi cabeza de su entrepierna y la miro fijamente, hambriento de ganas de tenerla una vez más, siento mi respiración hecha un caos y mi hombría duele de lo tensa que se ha puesto.
—Molly, preciosa —susurro cerca de su oído—. No quiero que pienses en nada más, esta noche solo seremos tú y yo. No puede haber cabida para nadie más. No quiero que te arrepientas de lo que pueda pasar aquí.
Termino mi frase y vuelvo a besarla, sintiendo como ella se queda sin aliento.
—Lo sé