No supe qué responder al instante. Nunca me habían dicho algo como eso ni me habían hecho sentir tan mal. Sentía una punzada amarga en el pecho y ese nudo que se formó en mi garganta no me permitía hablar.
Dolía, debía admitir que sus palabras dieron justo en el centro de mi corazón, hiriendo todo a su paso
Me ilusioné muy rápido. Nunca debí dejarme gobernar la cabeza por sentimientos pasajeros y que nacieron a raíz de una calentura. No es que estuviera locamente enamorada de Amaro, pero sí me