Capítulo diecinueve.

El aroma a flores y sudor delicioso me atavía las fosas nasales, Susam duerme sobre mi pecho con sus senos aporreando mi piel ¡Dios, que nochecita, aún estoy muerto! El sueño me vence, pero debo levantarme a correr antes de que Max venga a ocupar su espacio en la cama y esta mujer se levante gritando porque no le gusta el perro. A veces me pregunto si estoy bien con que a ella no le guste nada de lo que hago, puede que no odie a Max, pero no le agrada, mi trabajo solo es importante por el din

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