El panadero

Dominic intervino de nuevo, esta vez con un tono más serio. —Lo que no te ha dicho, Cloe, es que mientras Spencer intentaba matarlo y lo echaba de la casa a gritos, Mía no se quedó callada. Ella salió corriendo tras él. Se colgó de su espalda, llorando a mares, suplicándole que no se fuera. Le gritó a todo el mundo que lo amaba.

Esa revelación hizo que el aire en la habitación se volviera pesado. Recordar a Mía así, desarmada, pidiéndome que no la dejara después de que yo le confesara mi amor f
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