Valentín volvió a tomarme con suavidad de la cintura, mientras con la otra mano arrastraba mi maleta. La gente inclinaba la cabeza levemente a nuestro paso y aunque ansiaba preguntarle a Valentín sobre aquello, preferí esperar. Cuando las puertas del ascensor se volvieron a cerrar frente a nosotros, Valentín colocó la mano en la plataforma de metal.
—Al ático —ordenó sin más y el ascensor se puso de nuevo en movimiento.
—¿Eres algo así como el jefe? —le pregunté con curiosidad, realmente no sab