Gruñó por lo bajo, el gruñido de su lobo ansiando mi contacto, mientras tiraba del sujetador para poder liberarlos. Sentí cómo empezaba a acariciarlos, mientras mil sensaciones recorrían mi cuerpo y sentía que mi cuerpo se preparaba ansioso, sabiendo exactamente lo que vendría a continuación. Quizás hacía tan solo unos meses que estábamos juntos pero nuestro vínculo nos hacía saber, de forma precisa, lo que sentía o necesitaba el otro. Y estaba claro que nos necesitábamos el uno al otro. Justo