••Narra Catrina••
El paramédico intentaba controlar mi tensión, la cual no paraba de decir que estaba elevada y que debía calmarme. Pero, ¿cómo me calmaba?
Una segunda ambulancia había llegado y entró en la mansión. Nadie me decía nada, nadie sabía nada. No salía ninguna persona. Ni Connor, ni Geraldine, ni Scott, ni la desgraciada de Cecilia.
Y no sabía si alegrarme del silencio que provenía de la mansión o era una señal de que todo estaba saliendo de la mierda.
—Señora, déjeme revisar al b