Amal lloraba y gritaba como una posesa. Estaban en las oficinas de migración del aeropuerto en Madrid. Ya había sido esposada y la sombra esperaba relevos para llevarla de vuelta a Durban. Amal había sido identificada desde poco después de haberse bajado del avión en el segundo país que había visitado, no habían dejado de seguirla porque la mujer estaba infringiendo las leyes de su país, ya no tenia derecho de salida y había pasado por alto eso al fugarse, se le añadía suplantación de identidad