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El corazón de Damiano no dejaba de latir con insistencia, jamás en su vida alguien lo había marcado como suyo, y ahora llegaba una chiquilla de estatura mediana a reclamarlo como parte de su propiedad. Eso lo hacía sentir orgulloso, incluso más enamorado que antes.
—¿La escuchaste?
Soltó el italiano, aniquilando a su antigua amiga con la mirada.
—¿Perdona?
Susurró ella, mientras observaba como Jane lo tomaba de la mano.
—Soy de ella…
El tipo no pudo ocultar su sonrisa.
—Es mío, perra…
—¿Disc