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Jane se sentía realmente confundida, su pecho subía, y bajaba por la opresión del momento, ni siquiera tenía claro que debía responder, mientras que el mafioso la observaba como esos leones que deseaban devorar de un solo bocado su presa. La monja dio un paso firme hacia adelante, sus manos estaban sudando demasiado, pero comprendía que debía ser precisa con sus palabras, si seguía permitiendo que Damiano hiciera con ella lo que quisiera, las cosas podrían terminar mal. Realmente muy mal.
—P