Mundo ficciónIniciar sesión10
—¿Y ahora?
Preguntó, al terminar de acatar su orden.
—Humedece tus manos así… —La monja elevó las cejas cuando el dedo índice del italiano penetró su boca, Damiano inhaló profundo al estrellarse contra las mejillas internas de la religiosa. Sus muslos internos se apretaron al tratar de controlar sus más bajos instintos. —Escupe aquí… —farfulló







