16. Keira
Nos bajamos frente a la casa de Gabi.
—Madre mía —exclama Andrea—. ¿Acaso es la casa del presidente? —su forma de expresarse hace que me ría.
—No me dijo. Aunque creo que no se le olvidaría contarme ese detalle.
La casa estaba más que preciosa. Y eso que la estábamos viendo fuera de la reja negra inmensa que separaba la propiedad de la calle. Frente a la reja estaban tres hombres, vestidos impecables.
—Buenas tardes señoritas —habla el del medio.
—Buenas tardes —respondemos casi al unísono. Lo